La Posta del Viajero en Moto

IMGP3324

Todos parecían responder igual cuando estando en Buenos Aires me preguntaban cual sería mi próximo destino.
-Azul? Y qué hay que ver en Azul???
-Voy a visitar a un amigo.
-Y donde lo conociste?
-La verdad es que todavía no lo conozco.

Para mí, la posta del viajero en moto era algo así como una de esas historias que a uno le cuentan y uno olvida hasta que se la cuentan de nuevo y entonces uno las recuerda como un sueño. Yo había llegado a Mendoza con Leonardo Noguera a quien conocí en Perú y quien viajó conmigo hasta Buenos Aires, Mendoza era el punto de reunión acordado con mis amigos David McCollam, Wolfgang Heiss y su esposa Fabiola, quienes iniciaron su viaje en moto por Suramérica desde Cuenca Ecuador, unos días antes que yo saliera de la misma ciudad. Como no pudimos hacer coincidir nuestras rutas y cronogramas decidimos encontrarnos y compartir unos días en Mendoza. Estando allí durante una de esas tardes que compartimos entre botellas de buen vino, Wolfgang me dijo contundentemente: “Tienes que ir a Azul”, y luego me contó esa historia que alguna vez yo había leído y que ahora quiero compartir con ustedes.

Esta historia se trata de un par de personas maravillosas. Jorge y Mónica Cuatrochio. Jorge y Mónica están casados y viven en Azul, una ciudad 300 kilómetros al sur de Buenos Aires. A primera vista Azul es una ciudad como cualquier otra en Argentina, tiene unos 60.000 habitantes, como muchas otras vive del agro y la ganadería, es tranquila y como atractivo principal tiene un balneario municipal muy lindo construido directamente el rio (no son piscinas) hace más de 100 años y que mide unas 6 hectáreas, tiene playas con salvavidas incluidos y como es municipal no tiene costo, pues en Argentina, hay una gran cantidad de cosas buenas que son gratuitas.

P1020324

Pero Azul tiene algo más, es la Meca de los viajeros en moto por Suramérica, un lugar al que uno debe ir cuando realiza una travesía de estas. La razón es que allí existe ‘La Posta del Viajero en Moto’. Pero no sería justo describir a La Posta como un simple lugar, porque la Posta es en realidad un sueño, un sueño que tuvo Jorge y un grupo de amigos hace casi 20 años: Un lugar para que los motociclistas se encontraran, descansaran de su viaje, compartieran experiencias y dejaran una huella de sus pasos. Para eso Jorge y Mónica abrieron literalmente las puertas de su casa para que todos los viajeros en moto pudieran llegar y alojarse, habilitaron una parte de la casa como un pequeño Club, hay una cocina equipada, un amplio comedor con música, juegos de mesa, libros, una parilla para hacer asados, un pequeño taller, un cómodo baño con agua caliente y amplias zonas verdes donde los motociclistas pueden acampar. Pero más allá de las instalaciones La Posta posee algo increíble: no hay –literalmente- un espacio libre en cada uno de sus sencillos muros, paredes, puertas y ventanas, todas ellas estás llenas de recuerdos dejados por quienes por allí alguna vez pasaron. Es como un pequeño templo, detrás de cada dibujo, de cada letrero, de cada objeto, de cada foto, hay un recuerdo invaluable de alguien que creyó que cumplir un sueño era posible. Y eso es la Posta para mí, un museo de los sueños, pero no de los suelos inalcanzables sino de los sueños que se pueden cumplir y que todos nosotros estamos en capacidad de realizar. Ver todas estas historias plasmadas por doquier en un mismo lugar es algo que te inspira a seguir adelante, a seguir rodando y a llegar hasta la meta propuesta.

La historia –la que conozco- fue más o menos así, “El Pollo” como cariñosamente le dicen a Jorge, tenía (y tiene) un grupo de amigos apasionados por las motos que se reunían continuamente en su casa, detalle que parece obvio luego de conocer a Jorge porque él es como un imán que atrae amigos. Bueno, un día pasaba por Azul un japonés loco –uno de varios a lo largo de los años- que estaba recorriendo Suramérica en una scooter. Al parecer el japonés fue detenido por la folclórica policía argentina que lo quería meter en problemas para sacarle dinero. Alguien que vio lo que estaba pasando, enfrentó a los policías, les quitó al japonés de las manos, y luego lo llevó a la casa de Jorge donde lo recibieron y hospedaron como a un amigo. Ese japonés fue el primer huésped de La Posta -que aun no había nacido-, y eso alimentó una idea que ya tenía Jorge de crear un lugar donde los motociclistas de todo el mundo pudieran llegar, un lugar donde pudieran compartir sus experiencias y de paso tomar un descanso en el camino. Y durante estos casi 20 años han sido muchos, cientos, los motociclistas de todas partes del mundo que por allí han pasado, han tendido su carpa y se han quedado compartiendo con Jorge, Mónica y el grupo de amigos de la Posta.

Jorge y Mónica no son personas adineradas, al contrario, como la mayoría de los argentinos y suramericanos son personas que todos los días salen a trabajar para vivir, y esto hace de la Posta un lugar como ningun otro: ha sido fruto del trabajo, del esfuerzo, de la dedicación y de la generosidad de una pareja cuyo mayor capital es tener un corazón muy grande. Casi todo lo que hay en posta lo ha hecho Jorge con sus manos en su tiempo libre. Y después de casi 20 años el sueño no termina, Jorge regresa todos los días de su trabajo para seguir trabajando, actualmente su plan es la construcción de unas habitaciones donde piensa acondicionar unos dormitorios para que los viajeros tengan la posibilidad de dormir adentro y evitar acampar cuando solo se quedan por un día, pues cuando se viaja en moto, acampar por una sola noche es algo que cansa mucho. Casi todos los materiales que usa Jorge en la construcción han sido donados, desde ladrillos hasta puertas, todo lo que donen sirve y todo es util. Pero aparte de los materiales se requiere una gran cantidad de trabajo, trabajo que Jorge aporta en su tiempo libre con una energía y una pasión inagotables. Jorge me decía un dia que su sueño es que hubieran postas en muchos otros lugares, y yo le repliqué que eso sería muy dificil porque lo que hacía de la Posta algo unico, por sobre todas las cosas, era su vocación, esa genuina capacidad de dar desinteresadamente, algo que ya casi no existe. Y es que no había mencionado algo antes: Alojarse en La Posta no tiene costo, no hay fines de lucro. Se sugiere una contribución diaria –irrisoria- para ayudar con los gastos que no son pocos, y por supuesto se reciben donaciones las cuales también ayudan a que la posta pueda seguir funcionando y recibiendo más viajeros, pero el motor, el motor de todo, es la pasión de Jorge por lo que hace.

IMGP3349

P1020256

P1020258

P1020358

P1020354

P1020341

P1020327

P1020309

P1020287

P1020304

P1020280

P1020264

P1020261

P1020338

P1020344

P1020349

P1020351

P1020348

P1020350

P1020347

P1020356

P1020360

Son innumerables las historias que han pasado y han surgido en la Posta, historias inspiradoras sobre grandes aventuras y largos viajes, historias de viajeros que se convirtieron en amigos a lo largo de los años y cuyos lazos permanecen en el tiempo, así como también historias conmovedoras como la de Toshiko Noro, historia que pensaba contar pero que prefiero que escuchen de la voz del pollo en este video que encontré en internet, y de paso viendo el video se darán cuenta que no exageran quienes decimos que’el pollo’ es puro corazón.

P1020262

Dedico estas pocas líneas a Jorge y Mónica, quienes siempre tendrán mi gratitud y mi cariño

Advertisements
Categories: 12' Southamerica - 06 Mid Argentina | Leave a comment

Post navigation

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

Blog at WordPress.com.

%d bloggers like this: