El Norte Grande

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Dias 22,23,24,25,26,27 y 28.

Cuando se habla del Norte Grande se hace referencia al noroeste de Argentina, un lugar vasto, majestuoso, montañoso, árido, poblado de ciudades y pueblos que conservan una gran herencia colonial. El norte grande es tranquilo, quieto, como si el tiempo no pasara. Pero hay algo más, el Norte de Argentina también es mágico, el pasado colonial de sus ciudades se mezcla perfectamente con los paisajes desérticos de las montañas y con el colorido de sus gentes y sus costumbres. Definitivamente se descubren otros valores por acá, no se ve un afán por el lujo ni la modernidad, al contrario, se valoran las costumbres populares la cuales se han enriquecido a lo largo de siglos por la colonización española, por el legado indígena, por las inmigraciones europeas y hasta por las migraciones internas, todo esta mezcla de costumbres se ve en las calles, en los mercados, en las artesanías, en las iglesias y en las plazas. La música de fondo de este mágico lugar es el Folclore, como denominan los argentinos a toda su música folclórica, esa música diversa, anónima, popular y tradicional que alimenta el alma y enciende los corazones tanto de quienes aquí habitan estas tierras como de quienes solo vamos de paso.

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Desde el norte de Chile, se llega a Argentina a través el paso Jama, una vez en Argentina se continúa por la ruta 52, la cual desemboca en la ruta 9, la ruta principal que cruza el norte de arriba abajo. El primer pueblo sobre la ruta 52 se llama Susques, un pequeño pueblito que sirve de antesala para conocer la Arquitectura que uno recorrerá los días siguientes, llegar a Susques durante las primeras horas de la tarde ofrece un atractivo adicional, el de visitar un pueblo fantasma como el de las películas del oeste, no hay ni una sola alma en las calles, la razón es que en el norte como en otras regiones de Argentina se guarda la sagrada tradición de dormir la siesta, en cada región el horario es un poco diferente, en algunos lugares la siesta comienza a mediodía y se extiende hasta las cuatro, en otros lugares comienza a las tres y se alarga hasta las seis, en todo caso si uno llega a una ciudad de estas durante la hora de la siesta deberá resignarse a encontrar casi todo cerrado, a veces inclusive los restaurantes.

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Siguiendo por la ruta 52 hacia la ruta 9 uno se encuentra con una de las Salinas Grandes a un lado de la vía. Esta salina se encontraba parcialmente cubierta por agua por las lluvias lo cual la añadía más colores al blanco intenso del salar. El color blanco refleja tanta luz que el calor es muy intenso, el aire es muy seco y es difícil siquiera mirar el paisaje sin lentes oscuros. El color del cielo contrastando con el salar es simplemente maravilloso.

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La ruta 52 se encuentra con la Ruta 9 en Purmamarca, pero antes de llegar a Purma la ruta 52 debe bajar de las montañas a la preciosa y encantadora quebrada de Humahuaca que sirve de cuna para la mayoría de los preciosos pueblitos que hacen parte de la ruta obligada de la provincia de Jujuy. La ruta que baja a la quebrada es la cuesta de Lipán la cual parece una serpiente de asfalto y ofrece un paisaje impresionante desde su punto más alto.

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Purmamarca es un pueblito imperdible no solo por su belleza natural (tiene al cerro de los siete colores justo detrás) sino también por el mercado artesanal que se asienta en su plaza principal. En este mercado se encuentran un sinfín de tejidos y artesanías, pero también es como una fiesta de propios y extraños que se mezclan perfectamente entre sí, hay mucha gente pero no se siente el agobio que causa el gentío de las ciudades, y eso creo que es lo que hace al mercado particularmente interesante.

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El destino en esa primera noche en el norte argentino fue el pueblo de Humahuaca que lleva el mismo nombre de la quebrada en la que está enclavado. Humahuaca es tal vez mi lugar favorito en todo el norte de Argentina, sobre él se me ocurre una frase que mi querido amigo Eduardo del Corral me dijo hablándome del lugar: “Humahuaca es un pueblito que no tiene madre, guey”. Es verdad, la arquitectura de sus calles, sus plazas, la paz que respira -pese a no tratarse de un pueblo chico-, el paisaje, los artesanos hacen de este pueblo un lugar absolutamente encantador.

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La comida del norte también es diferente a la del resto de Argentina y a la pálida comida chilena, se encuentran muchos guisos, platos horneados (en horno de barro), se come carne de las empanadas son definitivamente las mejores de Argentina, en este restaurante creo haber comido la mejor empanada en Argentina, en años.

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Desde Humahuaca se baja por la quebrada pasando por otros pueblos que son muy representativos de Jujuy, se pasa por Tilcara pequeño pueblo que se convierte en uno de los destinos más visitados durante Enero pues toma espacio el festival ‘Enero Tilcareño’ que dura todo el mes y cada fin de semana trae espectáculos musicales, en fin se semana y en enero la vía de ingreso a Tilcara es una odisea de vehículos entrando y saliendo. Después de Tilcara sigue Maimará que también vale la pena visitar. Unos kilómetros al sur de Maimará está un lugar interesante, la ‘Posta de Hornillos’ que es una casa colonial con un valor histórico interesante, sirvió como posta de viajeros, una posta era el lugar donde los viajeros cambiaban de caballos en sus viajes largos, luego durante las guerras de independencia fue un cuartel de las tropas libertadoras, también fue lugar de descanso del general Belgrano luego de su regreso de una de sus campañas en Perú, hoy es un museo que exhibe elementos de cada uno de las etapas a las que sirvió dicha construcción.

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Siguiendo al sur por la ruta 9 se vuelve a pasar a 3 Kms de Purmamarca, y de allí se va a San Salvador de Jujuy. La carretera principal entre San Salvador de Jujuy y Salta no es la ruta 9 sino la 34 que es una ruta mucho más larga, pero la ruta 9 que también es una opción es mucho más interesante, esta ruta entre El Carmen y la Caldera se llama ‘La Cornisa’ y es una carretera de unos 30 kilómetros que atraviesa una Yunga -selva tropical de montaña- la cual ofrece un paisaje natural como pocos en Argentina, salvo las otras yungas como la de Tucumán. (Ahora cuando alguien en Argentina me pregunta cómo es Colombia le digo que simplemente visite la Yunga Tucumana porque es igualita a gran parte de Colombia, verde, montañosa, húmeda y boscosa). Aparte del paisaje el atractivo de la cornisa es que es una vía llena de curvas –algo raro en Argentina’ y de un solo carril, literalmente, un solo carril para ambos sentidos, hay que tener cuidado porque cuando se encuentra uno un vehículo en sentido contrario hay que correrse al borde del camino, no caben dos autos y ambos se sacan la mitad del auto de la carretera para poder cruzar, sobrepasar es muy difícil e incluso es difícil encontrar un lugar espacioso para parar a tomar fotos.

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Después de recorrer la cornisa se llega a Salta ‘La linda’, y de verdad que lo es. Pese a ser una ciudad grande el encanto de Salta la hace una ciudad acogedora, su arquitectura y sus plazas son exquisitas, definitivamente es un lugar que vale la pena conocer aun con poco tiempo. El Salta fue el lugar para hacer cambio de aceite y otras tareas de mantenimiento básico, y luego de eso el viaje continuó al sur.

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Tomamos un tiempo para detenernos en Coronel Moldes y recorrer al embalse Cabra Corral. Ahí hicimos una muy buena para a tumbarnos en el pasto a la orilla del embalse y pasar el calor de la tarde nadando y durmiendo, luego un asado de tira en la única parrilla a la salida del embalse nos dio energía para la el arduo viaje que nos esperaba hasta Cafayate, pues salimos muy tarde del embalse, llovía a lo largo de la ruta 68, tuvimos que cruzar un par de riachuelos que se formaron sobre la carretera a consecuencia de las lluvias no sin antes tener que esperar a que maquinaria limpiara el lecho de estos pequeños ríos que se formaron sobre el asfalto y que arrastraban piedra y lodo, en dos lugares se formaron trancones en espera que las maquinas retroexcavadoras y la policía dieran paso.

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Llegamos a Cafayate entrada la noche, y los últimos kilómetros fueron difíciles pues el pavimento en reparación había dado paso a arena y polvo que eran dispersados en el aire por los buses formando una espesa bruma, la noche era oscura, llovía, la vía no estaba demarcada y para completar el polvo que levantaban los buses no permitía ver nada, con todo y eso mi amigo Leonardo y yo llegamos sanos y salvos a Cafayate, donde nos quedaríamos un día entero. Cafayate resultó ser un pueblo cómodo y tranquilo, rodeado de viñedos (los famosos vinos de altura) y de tiendas de helados artesanales que se disputaba el mejor helado de vino, helado que fue inventado por un señor muy amable, propietario de una de las heladerías existentes y que hablaba con desdén de sus competidores quienes habían decidido imitarlo, aunque su verdadera pasión no era la fabricación de helados sino sus profundas y muy personales creencias religiosas donde un inminente y apocalíptico fin del mundo tomaban un lugar importante.

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Después de un descanso de un día en Cafayate el destino era Chilecito, ahora éramos 3 motos, Diego Trezzo, un Mendocino en viajaba en una R1150 nos acompañaba. Desde Cafayate la ruta era la 40, al cual tenía algunos tramos de ripio, pero en realidad lo complicado fueron esos pequeños y numerosos ríos que se formaron en la vía como consecuencia de las lluvias, fueron varios y cruzando el más grande tomé la línea equivocada, por donde no había limpiado la retroexcavadora y le di a una piedra muy grande con la rueda delantera, la moto cayó del lado izquierdo sobre una corriente de agua que tenía casi medio metro de altura, gracias a lo ancho de mis maletas de aluminio la moto no se tumbó horizontalmente sino que quedó inclinada, lo suficiente mente ‘parada’ como para alejar las parte eléctricas del agua, Leonardo y Diego me ayudaron a parar la moto y después de lanzar muchas piedras del fondo del agua con la rueda trasera, al final la moto salió del agua. Después vendrían otros riachuelos menos profundos y al final cesaron las lluvias. Ocasionalmente se veían remolinos de viento, pequeños tornados que iban y venían a cada lado de la vía. Ya habíamos dejado atrás casi todo el norte de Argentina y nos esperaban las montañas de Mendoza

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Categories: 12' Southamerica - 05 Argentina North | Leave a comment

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